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¿El exorcista o El exorcista?

Hace unos días he visto una película titulada Satánico Pandemonium (Gilberto Martínez Solares, 1975), más conocida como La sexorcista. Es una producción mexicana que se estrenó dos años después de El exorcista y aunque no es una maravilla, me gustó, sobre todo la escena en la que la monja viola al niño de… esperad, que me estoy yendo de la historia. El caso es que a pesar de haber monjas violadoras, no era exactamente lo que yo esperaba. Y entonces mis ojos se posaron en mi edición de El exorcista, y como impulsado por una extraña fuerza (maligna, sin duda), tuve que levantarme a por ella y ver de nuevo los dos montajes.

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Cobra, el brazo fuerte de la ley (1986)

A mí me encantan las pelis que transcurren en Navidad, ya sabéis, Jungla de cristal, Arma letal, Black Christmas, El día de la bestia, Los KISS salvan a Santa,… y Cobra, porque Cobra, aunque no lo parezca por el sol y las palmeras, transcurre en Navidad, lo que la convierte automáticamente en una peli para toda la familia.

A diferencia de otros infames episodios de la historia de la Cannon que ya he narrado en el blog (aquí, aquí y aquí de pasada), este no sólo no es infame sino que de hecho fue el mayor éxito de taquilla de la productora. Bueno, ahora que lo pienso, una cosa no está reñida con la otra, así que algo de infamia va a haber.

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La torre de los siete jorobados

Me da un poco de pena decir que en España hemos despreciado durante muchos años el género fantástico, y mientras que en Inglaterra primero y en Centroeuropa después, surgían grandes escritores como Poe o Maupassant al amparo de la fantasía y lo sobrenatural, aquí parecíamos empeñados en olvidarnos de todo lo que se saliera del realismo y el costumbrismo que constituían la norma, como si los términos «buen escritor» y «elementos sobrenaturales» no pudieran ir de la mano. De hecho, durante muchos años, algunos de los escritores que sí se aproximaron a la fantasía lo hicieron de una manera temerosa, como si les diera miedo que alguien los pudiera acusar de escribir fantasía, lo cual, teniendo en España antecedentes de obras como El Quijote o La vida es sueño, no tiene mucho sentido.

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Mad Max 3, más allá de la cúpula del trueno (1985)

Sobre el origen de Mad Max 3 he leído no pocas versiones, pero la que más me convence es la de Terry Hayes, quien conoció a George Miller cuando recibió el encargó de la novelización de Mad Max y que luego colaboró en el guion de Mad Max 2. Hayes dice que la idea surgió en una conversación con Miller durante una cena. Miller le contaba a Hayes en qué consistía la física cuántica (en serio) y de repente a Hayes se le iluminó la bombilla y le dijo a Miller que deberían rodar una película sobre unos niños salvajes que debían volver a casa y Miller le contestó que eso tenía pinta de convertirse en la siguiente película de Mad Max. Vale, como anécdota no vale nada, pero realmente creo que esto es lo que ocurrió.

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Mad Max 2, el guerrero de la carretera (1981)

George Miller y Byron Kennedy (director y productor de Mad Max respectivamente) se conocieron en un festival de cortometrajes a principios de los 70. Sus gustos cinematográficos eran similares: ambos pensaban que el cine debía ser algo visual, sin demasiados diálogos, con persecuciones, con acción,… Les gustaba ver a los personajes haciendo cosas, no hablando. Conectaron. A partir de ese momento empezaron a trabajar juntos y fruto de esa colaboración surgió el corto The violence in cinema Part 1, que recibió multitud de premios. Era sólo el comienzo, pues tenían metas mucho más ambiciosas. Empezaron a pulir una idea, a darle forma. Coches, acción, ultraviolencia. Estaba naciendo Mad Max.

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Mad Max, salvajes de la autopista (1979)

Pantalla en negro. Suena un disparo y comienza una música propia de una película de terror. La primera imagen que vemos es del centro neurálgico de la Main Force Patrol. Tras un letrero que reza «Halls of Justice» se esconde el último reducto de algo que tal vez un día se pudo llamar Justicia. Esto da paso a un cartel que indica el «camino a la anarquía» y a un hombre que observa a una pareja a través de la mira de un rifle. ¿Es un policía? Lo es. Liebre llamando a Bailarín. […] Tenemos un asesino de policías. ¿Otro? No te has dado cuenta y ya estás atrapado; atrapado por esa sensación de que algo no va bien.

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Traducciones y doblajes: reavivando la polémica


Todas las traducciones que cito son de España salvo que se indique lo contrario.

Cuando una obra, del tipo que sea, es traducida a otro idioma, sufre un proceso de alteración que puede ser más o menos grave. En el caso de películas y series puede llegar a ser especialmente sangrante ya que la obra pasa por un proceso de traducción, otro de adaptación y finalmente viaja al equipo de doblaje, lo que puede acarrear nuevos cambios si fuera necesario.

En España parece estar aceptada la idea de que nuestras traducciones y doblajes son muy buenos, pero ¿de verdad lo son? Ahora lo veremos.

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La escena del mes XVII | El chico de oro (1986)

Dicen que la concepción original de El chico de oro (The Golden Child, Michael Ritchie, 1986) era la de una película seria de aventuras que iba a ser protagonizada por Mel Gibson y dirigida por John Carpenter. Ninguno de los dos participó finalmente en el proyecto y tras una reescritura de guion acabó convirtiéndose en vehículo para el lucimiento de Eddie Murphy. Carpenter, por su parte, acabó estrenando ese mismo año de 1986 Golpe en la pequeña China (Big trouble in Little China), que compartía con El chico de oro una curiosa visión del lejano oriente, un improbable héroe, enemigos con poderes sobrenaturales, a Victor Wong y a James Hong,... Demasiadas semejanzas para dos películas que no se parecen en nada. El caso es que Golpe en la pequeña China fue un fracaso y El chico de oro fue un éxito, aunque el tiempo ha colocado a cada una donde se merece.

Gran póster de John Alvin.

Echando la vista atrás recuerdo con cierto cariño aquellas películas de los comienzos de Murphy, a quien ahora tengo un poco atravesado. El chico de oro creo que está lejos de los anteriores éxitos de Murphy como Límite 48 horas (48 Hrs., Walter Hill, 1982), Entre pillos anda el juego (Trading places, John Landis, 1983) o Superdetective en Hollywood (Beverly Hill Cop, Martin Brest, 1984) pero aun así, creo que es bastante aceptable. Al menos consigue hacerme reír más de una vez, y tratándose de una comedia, ¡qué más se puede pedir!

Además, tiene unos efectos especiales bastante logrados a cargo de Industrial Light and Magic. La escena que he puesto, como habéis podido ver, es animación en stop-motion, pero con una fluidez impresionante. La canción que baila el «hombre-Pepsi» es Puttin’ on the Ritz, una canción muy popular a la que ya rindió homenaje también Mel Brooks en una escena muy graciosa de El jovencito Frankentein (Young Frankenstein, 1974). Y toda la parte final con Charles Dance —siempre bien Charles Dance— convertido en demonio, viéndolo con la perspectiva de que han pasado 25 años, me parecen unos efectos más que correctos.

Quizás lo que más le falla a esta película es que toda la parte de aventura y fantasía queda algo sosa en comparación a los momentos de comedia protagonizados por Murphy, pero esos momentos de comedia bien valen un visionado.

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Ciudadano X (1995)

Tras hallar 8 cadáveres en la granja colectiva número 5, el camarada forense Burakov, presenta un informe en el que afirma que se enfrentan a un asesino en serie. Pero eso no puede ser porque según el camarada Bondarchuk, secretario de ideología del Partido, «no hay asesinos en serie en la Unión Soviética. […] Eso es un fenómeno de la decadencia de Occidente».

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El buen hijo (1993)

Esta es una película que me gusta mucho y que siempre que la veo consigue engancharme de nuevo. En su momento, fue número uno en taquilla, quizás porque contaba con los dos actores infantiles más importantes del momento, Elijah Wood y Macaulay Culkin, pero hoy, en cambio, parece estar algo olvidada.

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