La escena que os traigo hoy es de la película Cazador blanco, corazón negro, que dirigió Clint Eastwood en 1990 basándose en la novela del mismo nombre que publicó Peter Viertel, quien trabajó en el guion de La reina de África y contaba en el libro su experiencia al lado de Huston, eso si, mezclando situaciones reales con otras inventadas.
Si la historia es realmente como la cuentan Peter Viertel, Katharine Hepburn y Clint Eastwood, y parece que sí, entonces no hay ninguna duda de que John Huston es un absoluto genio. En teoría, Huston quería ir a África de safari; rodar La reina de África era una excusa como cualquier otra. Sin embargo, por lo que cuentan estos tres también da la sensación de que Huston sí que tenía en su cabeza cómo iba a ser la película. Dice Katharine Hepburn en su libro sobre el rodaje The making of The African Queen or how I went to Africa with Bogart, Bacall and Huston and almost lost my mind, que intentaba hablar continuamente con Huston sobre el guion para transmitirle sus dudas sobre el mismo y a este sólo le importaba irse de caza. También vemos en la película cómo Huston le dice a Viertel (Wilson y Verrill en el film) que el guion ya está bien, que la primera norma del arte es la sencillez, porque realmente quiere irse a cazar y Viertel replica diciendo que el arte no tiene reglas. A lo mejor fue sólo suerte, a lo mejor fue talento, pero La reina de África me parece una gran película.
Clint Eastwood eligió la novela de Viertel en parte porque es un gran admirador de Huston, así que una de las primeras cosas de las que se encargó fue de suavizar el personaje, que no pareciera en pantalla que Huston era tan despreciable y desagradable como escribe Viertel. En el libro de Katharine Hepburn, más que desagradable parece un tipo raro o maniático, pero en una cosa coinciden ambos: era un egocéntrico.
—O estás loco o eres el hijo de puta más egoísta e irresponsable que he conocido jamás. Tu inconsciencia echará a perder la película. ¿Y para qué? Para cometer un crimen. Para matar a una de las criaturas más raras y nobles que vagan por este miserable planeta. Y con tal de cometer ese crimen, estás dispuesto a olvidarlo todo y dejar que el proyecto se malogre.
—Te equivocas, chico. Matar a un elefante no es un delito. Es mucho más que eso. Es un pecado matar a un elefante. ¿Entendido? Es un pecado. Es el único pecado que puedes cometer comprando una licencia. Por eso quiero hacerlo más que ninguna otra cosa. ¿Me comprendes? Por supuesto que no. Es imposible. No me comprendo ni yo mismo.
Diálogo entre Verrill (Jeff Fahey) y Wilson (Eastwood) en la película.
Mucha gente opina que esta película es una obra menor de Eastwood; yo no pienso así. Creo que refleja muy bien el carácter de Huston en escenas como la que os pongo, creo que Eastwood en algunos momentos se ríe de sí mismo y creo que tiene un final extraordinario. Una película llena de belleza y de sabiduría, que fue un fracaso en su momento y que esconde una historia apasionante sobre un tipo que se fue a África de safari y de paso rodó una obra maestra, para disimular.