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El tesoro de la selva perdida (1985)

René Cardona Jr., director de El tesoro de la selva perdida, sabía cuál era la fórmula del éxito del cine de serie b: había que seguir la moda. Y la moda era Holocausto Caníbal (Cannibal Holocaust, Ruggero Deodato, 1980), así que a Cardona se le ocurrió hacer una película de aventuras en la selva amazónica con gente que muriera devorada por cocodrilos, pirañas e incluso —y esto es algo que sólo he visto en esta película y puede que nunca vuelva a ver— devorados por cangrejos. A la función se suman los jíbaros, que no son caníbales pero tienen una insana costumbre de decapitar todo lo que pueden.

Lo que más me alucina de esta película es que para ser un infraproducto mexicano, consiguió reunir, sin duda a golpe de talonario, un reparto impresionante: Stuart Whitman, John Ireland, Donald Pleasence, Bradford Dillman, Pedro Armendáriz Jr. y el gran Emilio “El indio” Fernández.

La película abre con un mensaje que nos informa de que lo que vamos a ver ocurrió de verdad hace años en una remota zona del Amazonas. Es importante no olvidar esto a medida que vamos viendo los poco creíbles acontecimientos que tienen lugar en el film.

Mujeres luchando en el barro. Costumbres locales.

Nuestro famoso reparto se dividirá en tres grupos, el grupo de El gringo (Whitman), el grupo de Klaus von Blantz (Pleasence) y el grupo de los pringaetes (Dillman and Company), todos a la busca de un enorme tesoro. Pero la selva no sólo oculta tesoros…

Lo mejor de la película es que casi todos los personajes son moralmente cuestionables. Qué digo moralmente cuestionables: son gentuza. De hecho, creo que nunca he visto una película aparte de esta en la que no haya personajes buenos, todos se mueven en distintas escalas de maldad. Así que cuando reciben su merecido (y pocos quedaran sin recibir su merecido), uno no puede más que disfrutar del espectáculo.

Más costumbre locales.

Ya en la primera escena, Stuart Whitman le corta un dedo a un indio y lo tira a los cocodrilos (el dedo y el indio). Luego se alía con Zapata (Armendáriz), que protagonizará un intento de violación, y Jairo, que es un traidor que muere acangrejado.

Efectos de primer nivel.

Por otro lado tenemos a Donald Pleasence, un nazi refugiado en la selva, traidor y mezquino, que se alía con Morimba, una nativa local, para buscar el famoso tesoro del Amazonas con el que podrá revivir la gloria del Tercer Reich. Morimba le ayuda porque sus hijas están secuestradas por el Indio Fernández, que de paso se ha casado con ellas. El Indio Fernández además ejerce la justicia en la zona como representante del Gobierno y cobra impuestos por todo lo que encuentren. Si tu declaración de la renta no le satisface prepárate para una reducción de cabeza.

El tercer grupo está integrado por Bradford Dillman, que era el protagonista de Piraña (Piranha, Joe Dante, 1978), y que aquí es un piloto que tiene por afición matar pájaros con la hélice de su avioneta. Le hacen compañía otro tío que es posiblemente el único que no es abiertamente despreciable y una supermodelo (Ann Sidney, Miss Mundo 1964, de hecho) que vete tú a saber qué hace en medio del Amazonas.

Y así todo. La demencia campa a sus anchas por la película que no escatima en sordidez y gore. Aparte de los ya mencionados ataques de cocodrilos, pirañas y cangrejos, tenemos arenas movedizas, gargantas cortadas, decapitaciones a mansalva, envenenamientos, ametrallamientos, desnudos gratuitos y un final brutal a la par que memorable para Donald Pleasence.

Donald Pleasence no es tonto.

No os voy a engañar, no es una gran película, pero da lo que promete y el entretenimiento está más que asegurado. Lo único reprochable es que a mitad de película hay un momento un poco tedioso en el que parece que no saben cómo continuar, lo que contrasta con una media hora final acelerada en la que no paran de pasar cosas. Cosas sórdidas, para regocijo nuestro.

Por cierto, es una peli interesante de ver en V.O. porque hay mezcla de inglés y español y Pleasance pone un acento alemán muy gracioso, pero la edición que comercializa en España Trash Collectors no trae subtítulos. Además, han utilizado el póster que veis arriba, que en realidad corresponde a Schiave bianche: violenza in Amazzonia, aka Amazonia: The Catherine Miles Story, un truñete dirigido por Mario Gariazzo en 1985 que intentaron colarnos como secuela de Holocausto Caníbal, así que no esperéis ver una rubia en pelotas con un machete y un arco.

6 comentarios:

  1. Curiosa película, Einer. También curioso es cómo cambió con el tiempo la fórmula de las películas de serie B Abrazos.

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    1. Creo que no es tu tipo de cine preferido, pero si te animas igual te echas unas risas.

      Un abrazo.

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  2. El otro día vi en las noticias que hablaban de un festival de cine, el cutre-con y me acordé de este blog; ya hay mas gente como tú que disfruta del cine Z... ¿o menos-Z?, y se lo pasa muy bien porque todos salían de la sala explotados de risa...
    Lo que me ha llamado la atención de esta pelí que comentas es los efectos de primer nivel, por poco y se nota el agujero en donde el tipo tiene metido el dedo, y creo que tendrían que haber comprado salchichas de primera calidad el dedo-salchicha canta un poco.

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    1. Festival de cine cutre y te acordaste de mi blog... jajaja. Acabo de ver que es de Madrid, tendré que estar atento. Tienes que animarte a probar el cine cutre, verás que es todo un submundo de humor.

      Pues lo mejor del dedo es que una vez cortado se mueve con vida propia, como el rabo de una lagartija.

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  3. Desconocía por completo esta película, pero por lo que cuentas no es nada del otro jueves (es muy chungo que la hubieran comercializado con el poster de otra película). Tu reseña me ha recordado que tengo una asignatura pendiente con "Holocausto canibal".

    Saludos.

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    1. Pues debo decir que a mí Holocausto Caníbal tampoco me parece nada del otro jueves. Esta tiene algún momento divertido de puro absurdo, pero no va a pasar a la historia del cine.

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