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Acampando en Crystal Lake - Primera parte

En los próximos artículos voy a hacer un repaso de la saga Viernes 13, de la que soy gran seguidor. El slasher es un género que me gusta mucho ya que, por lo general, consigue dejarme satisfecho con muy poco, así que descubriréis que me gustan absolutamente todas las películas de esta saga a pesar de los esfuerzos que hacen en algunas por conseguir todo lo contrario. Por cierto, es posible que las destripe un poco así que si no las habéis visto y tenéis intención de hacerlo, tal vez no deberías leer esto.

Viernes 13 (Friday the 13th, Sean S. Cunningham, 1980)

Creo que ya he comentado alguna vez que los pilares básicos del slasher son La noche de Halloween (Halloween, John Carpenter, 1978) y Viernes 13 (Friday the 13th, Sean S. Cunningham, 1980). En realidad, no es que fueran las primeras ni mucho menos, ya que si uno se pone a escarbar salen muchísimas más, pero lo verdaderamente importante es que tanto Halloween como Viernes 13 fueron dos exitazos de taquilla, lo que dio el pistoletazo de salida a la fiebre del slasher que vino después.

Sean Cunningham, tras ver el éxito que había tenido Halloween, decidió rodar una película de terror. Su única experiencia en el género había tenido lugar ocho años antes, cuando produjo La última casa a la izquierda (Last house on the left) de Wes Craven y lo único que tenía ahora era un título que se le había ocurrido y que le gustaba: Friday the 13th (Viernes 13). Tras hablar con Steve Miner, decidieron publicar un anuncio en el periódico para asegurarse de que no existía ya ese título y de que no se lo quitaba nadie (la famosa táctica de Si no nos denuncian tiramos para adelante). No sólo no les denunciaron sino que el anuncio levantó gran expectación y atrajo de paso algo de financiación. Cunningham habló entonces con Victor Miller y le pidió que escribiera el guion de una peli de terror con ese título y, como Miller no tenía ni idea de cine de terror, se fue al cine a ver Halloween y la copio de arriba abajo.

El guion de Miller tiene más agujeros que la mansión Playboy, pero la película fue un exitazo por varios motivos: en primer lugar, el guion era como una versión más simple y efectiva de Halloween; se incorporaron los efectos especiales de Tom Savini con lo que la película era mucho más sangrienta y espectacular; la banda sonora de Harry Manfredini era todo un acierto ya que contribuía enormemente a crear el suspense y finalmente, la irrupción de Paramount en el proyecto publicitando la película de manera bestial, hizo que Viernes 13 resultara increíblemente rentable.

El sorpresivo (y tramposo) final al más puro estilo giallo, en el que descubrimos que la asesina es Pamela Voorhees, es memorable, a pesar de que a lo largo de la película es más que evidente que el asesino es un hombre. Y el final final con Jason saliendo del agua es uno de esos momentos icónicos de la historia del cine.

En cuanto a los asesinatos hay dos que me privan: el de Kevin Bacon siendo atravesado por la flecha en la cama y el de la chica en el baño que se come el hachazo en toda la cara. ¡Que me aspen si no es la actuación más absurda de la historia del cine!

En definitiva, una gran película que en mi opinión se vio superada por alguna de las secuelas.

Viernes 13 2ª Parte (Friday the 13th Part 2, Steve Miner, 1981)

Con lo rentable que había sido la primera parte y el estallido de la fiebre del slasher, Paramount quiso sacar una secuela casi de inmediato. El problema era que el asesino estaba muerto, así que Sean Cunningham, Tom Savini y otros integrantes de la primera parte no quisieron participar en el proyecto, por lo que mucha gente de la primera fue ascendida.

Steve Miner pasó a ser el director y Ron Kurz se encontró con el marrón de tener que idear una forma de continuar la saga. La idea de Kurz fue desarrollar el personaje de Jason, el hijo de Pamela que todos creíamos que se había ahogado en el lago con 11 años. ¿No se ahogó? ¿Cómo encaja eso con la primera? ¿Ha resucitado? Estas preguntas nunca fueron resueltas en ninguna de las secuelas, aunque en el remake (o lo que fuera) de 2009 tratan de darle explicación, pero ya hablaremos de eso en su debido momento.

El caso es que la peli es más de lo mismo, como lo serán también las siguientes dos entregas. Las muertes son originales y el reparto más interesante, con un paralítico al que Jason (Warrington Gillete) destroza sin piedad de un machetazo en la cara y que se va rodando escaleras abajo, y una final girl (Amy Steel) que para mí es la mejor final girl de toda la saga. El problema es que la película fue censurada por la MPAA y el gore escasea con respecto a la primera y en algunas escenas los cortes se hacen evidentes, como el asesinato de la pareja que es atravesada por una lanza en la cama, por cierto, copia u homenaje a Bahía de sangre (Reazione a catena, Mario Bava, 1971). Que cada uno lo interprete como quiera.

El desenlace final en la guarida de Jason me encanta y me gusta cómo se defiende Amy Steel a pesar de que Jason queda un poco caricaturesco por momentos. Lo más criticado de esta secuela es que Jason, con un saco de arpillera cubriéndole la cabeza, no resulta especialmente carismático, pero he de decir que a mí sí me gusta.

Por cierto, Paul (John Furey) muere, aunque no lo vemos ni se hace ninguna referencia al tema, pero os aseguro que está bien muerto.

Viernes 13 III 3D (Friday the 13th Part III 3D, Steve Miner, 1982)

¿Y cómo sabemos que Paul ha cascado? Pues gracias a la 3, que comienza con un esclarecedor telediario. El body count de la 2 asciende a 9 cadáveres sin contar a Paul, de los cuales uno corresponde a Adrienne King, la superviviente de la primera entrega que muere al comienzo en su casa y otro corresponde al policía que es asesinado en la guarida de Jason. En las noticias dicen que han aparecido 8 cadáveres en el campamento (con lo cual ya sabemos que Paul ha muerto, si no serían 7) y además se dice que la única superviviente es Ginny (Amy Steel). En otras palabras, en la saga Viernes 13 los fallos de guion se resuelven sobre la marcha, según se va pudiendo.

Esta tercera parte llegó en otra de esas fiebres pasajeras del 3D, lo que obligó a centrarse mucho en aspectos técnicos, dejando un poco de lado el resto, así que mejor que no os toméis las actuaciones y el guion muy en serio. Evidentemente esta entrega tiene muchas escenas diseñadas expresamente para el 3D, así que a mí me resultó interesante verla así a pesar de que es algo que no me llama mucho la atención. Aparte de las tonterías como el yoyó, las palomitas o los palos que van hacia la cámara, tiene algunas escenas chulas como el ojo que salta a la cámara o el arpón que atraviesa a la chica en el ojo.

En esta ocasión Jason está interpretado por Richard Brooker, de quien he de decir que es mi Jason favorito, por delante incluso de Kane Hodder. Brooker, que tiene un aspecto mucho más impresionante que Warrington Gillete, decidió no correr, así que Jason por primera vez parece una máquina de matar implacable de la que no puedes escapar.

Recordemos que Jason viene de comerse un machetazo en la segunda entrega que se le mete sus buenos 20cm en el pecho desde el hombro y aun así sigue vivo, cosa que muy normal no es, pero aquí le rompen el cuello y hasta le clavan un hacha en la cabeza y el tío ¡sigue vivo! Adonde quiero llegar es que Jason, para no ser todavía el ser sobrenatural en el que se acabaría convirtiendo, tiene ya una resistencia física de lo más sospechosa.

Pero si por algo es famosa esta secuela es por ser la que le proporciona la máscara de hockey a Jason y por brindarnos ese momento histórico en el que Jason sale por primera vez con ella puesta y arponea a una chica en el ojo, en un asesinato un pelín cutre. Lo del saco de arpillera de la anterior entrega no le había gustado a nadie salvo a mí y al tipo al que se le ocurrió, así que se tomó la decisión de cambiarlo por una máscara de hockey, que como el tiempo ha demostrado era una opción muchísimo mejor.

Esta fue la secuela que más recaudó y sin embargo no está muy bien considerada más allá de la anécdota de la máscara. A mí encanta. Nuevamente es más de lo mismo pero tiene escenas muy chulas como el tío que va haciendo el pino y que Jason parte en dos literalmente; el personaje de Shelley que es épico en su capullez y proporciona la máscara a Jason o los macarras que vienen a dar por culo al granero y se encuentran con una sorpresita en forma de horca.

El tramo final es también más de lo mismo, con una gran final girl (Dana Kimmell) encontrando una ristra de cadáveres mientras huye de Jason como puede hasta que finalmente le da matarile de un hachazo en la cabeza. Y el final final, es un sueño en el que Pamela Voorhees sale del agua, cerrando el círculo con la primera película en la que Pamela moría y Jason salía del agua.

Tiene también un detallito curioso y es que una de las chicas está leyendo una Fangoria en la que viene un artículo sobre Tom Savini.

Viernes 13. Último capítulo (Friday the 13th: The final chapter, Joseph Zito, 1984)

Cuando me planté ante esta peli por primera vez estaba expectante por ver cómo resolvían el detallito ese de haber matado a Jason en la tercera entrega. La resolución fue brillante: simplemente no había muerto. Tampoco puedo decir que me sorprendiera, porque si Jason ya había sobrevivido al machetazo de la 2, tampoco parecía tan raro que sobreviviera a un ahorcamiento y un hachazo en la 3, ¿no?

Esta cuarta entrega empieza justo a continuación de la anterior, con una ambulancia llevándose el «cadáver» de Jason a la morgue. Ya en la morgue Jason se levanta, no sabemos si porque no estaba muerto sino de parranda o porque resucita del cabreo de ver que su forense y una enfermera están haciendo «guarreridas españolas». El caso es que ambos mueren de manera original y entre litros de sangre falsa para regocijo del espectador.

Jason sale del hospital y vuelve a Crystal Lake asesinando por el camino a la mítica gorda del plátano, algo que yo creo que todo el mundo recuerda.

Ya en Crystal Lake Jason se encontrará no uno sino dos grupos de gente a los que matar. Por un lado, un grupo de adolescentes que están de juerga y por otro, una madre y sus dos hijos, Trish, una adolescente cachonda y Tommy, un chaval de doce años interpretado por el mítico Corey Feldman, que acabará convertido en héroe de la función y quién sabe si algo más.

Pero hasta llegar al espectacular final aún queda una hora de más de lo mismo; si ya os lo sabéis. Jason se va ocupando de los adolescentes salidorros de las maneras más originales que se le van ocurriendo. ¿He dicho que la del hacha en la cara en la primera parte era la peor actuación ever? Pues aquí lo supera la señorita que muere en la balsa inflable en el lago. ¡Epic moment! Y su noviete es arponeado en el rabo y levantado en el aire en una muerte que suponemos dolorosa.

Crispin Glover, que de manera inexplicable consigue follar tras un baile demencial, sufrirá una de mis muertes favoritas de toda la saga: tras preguntar a voz en grito dónde está el sacacorchos, Jason, con evidente humor negro, le clava el sacacorchos en la mano, y antes de que Crispin pueda decir: «Gracias, ya lo he visto», se come un machetazo en la cara. Bravo.

Las muertes se suceden, cosa que se agradece enormemente dado lo gilipollas que son algunos de los personajes de esta entrega, hasta que sólo quedan Trish y Tommy Jarvis. Trish resultará una final girl interesante que sorprenderá a Jason, al que le destroza una mano en una escena cojonuda. Y cuando todo parece perdido aparece Tommy, con la cabeza afeitada a cachos y los ojos maquillados, para darle a Jason de su propia medicina en un final memorable y que no deja ninguna duda de que Jason ha muerto, esta vez para siempre.

Este «último capítulo» estuvo dirigido por Joseph Zito, director de cosas como The prowler (1981), Desaparecido en combate (Missing in action, 1984) o Invasión U.S.A. (Invasion U.S.A., 1985) y que siempre me ha parecido un director bastante efectivo y que sabe imprimir ritmo a sus películas. Quizás por ello esta es mi entrega favorita de toda la saga. Bueno, por eso y porque dentro de que es más de lo mismo, es divertida, tiene más tetas, sexo y cadáveres que las entregas anteriores, los asesinatos, de nuevo a cargo de Tom Savini, son originales y porque tras un tramo final mítico, tenemos incluso un final abierto, no vaya a ser que los de Paramount decidan hacer otra…

La intención de Paramount realmente era la de acabar con el personaje. Promocionaron la película como la última entrega de Viernes 13 de verdad, incluso se lo confirmaron a Joseph Zito y le dijeron que podía matar a Jason de manera definitiva, cosa que hizo, creando un final que era un gran colofón a la saga. Pero esta publicidad hizo que fuera muchísima gente al cine a verla, y un montón de papelitos verdes hicieron que Paramount se preguntara si no se habían precipitado acabando con la saga.

La pregunta ahora es: ¿cómo continuamos la saga si ya nos hemos cargado a Jason y a su madre? La original solución la conoceremos en la segunda parte de este artículo.

6 comentarios:

  1. Lo mejor de la saga de Viernes 13, a parte de este asesino en serie carismático, inmortal y me dio zombie, son los final girl, como dices. Las mujeres que sobreviven, que se quedan alto tocadas pero que parece que han podido con ese grandullón irracional que odia a todo el mundo y al que le pone muy nervioso que otros le den al sexo, vaya trauma que tiene el pobrecillo.
    De todas estas pelis la única que me falta por ver es la del último capítulo. Si sale Corey Feldman tengo que verla, ¡con lo sobreactuado que es siempre", jaja.
    En cuanto a la película del post anterior, la de Carlos, ¿seis horas?, ¿es una pelí o es un secuestro?, madre mía.
    Saludos Einer
    ;)

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    1. De hecho, a medida que van pasando las películas se va haciendo más evidente la relación sexo-muerte. Y las final girl es que pueden marcar la diferencia entre un truñete o algo muy grande.

      ¿Corey Feldman sobreactuado? Pues tienes que ver la cuatro, sin duda. Un final muy comedido y nada sobreactuado, jajaja.

      ¿6 horas, Carlos? Si sólo son cinco y media. ¡Qué exagerada eres! Está dividida en tres capítulos de entre hora y media y dos horas y como ves, yo la considero una obra maestra, así que creo que vale la pena invertir 6 horitas de nada, jajaja.

      Un saludo.

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  2. Gran primer repaso a la saga de Voorhees. A mí también me gusta el género slasher y aunque las películas de la saga Viernes 13 no me parecen ninguna maravilla, sí que tienen un encanto especial y resultan eficaces entretenimientos (como tú dices, cumplen con muy poco). Espero ansioso la siguiente entrega.

    Saludos.

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    1. Gracias, Rodi. A ver qué te parece el resto.

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  3. Aaaah, el slasher, el subgénero de mi adolescencia (años 80) Nunca me enganchó pero pasé muy buenos ratos con amigos viendo la saga Viernes 13 aunque yo soy más de "La noche de Halloween" con su inolvidable doctor Loomis (Donald Pleasence) y la inquietante música de Carpenter.
    Saludos. Borgo.

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    1. Como película quizás es mejor Halloween, pero lo que es la saga entera, yo prefiero esta.

      Un saludo.

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