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Planeta prohibido (1956)

Planeta prohibido (1956) Tít. orig.: Forbidden planet Dir.: Fred McLeod Wilcox Gui.: Cyril Hume Int.: Leslie Nielsen, Walter Pidgeon, Anne Francis, Warren Stevens Dur.: 98 min.

En 1956 la quintaesencia de los efectos especiales tradicionales se dieron cita en esta producción de la MGM para disfrute de los amantes de la ciencia-ficción. Cycloramas, pinturas matte (una de ellas de más de 150 metros), efectos de cámara, maquetas,… todo tiene cabida en esta obra de arte que ocupa un lugar de honor en la historia de la ci-fi y que, indudablemente, marcó el camino de buena parte del género.

Planeta prohibido es fundamental y es una película fantástica, pero el género de la ciencia ficción es quizás el que peor ha envejecido, sobre todo porque con el tiempo, la ciencia ficción deja de ser ficción para ser sólo ciencia y lo que hace 50 años era inimaginable puede que hoy en día sea una realidad presente o hasta un recuerdo del pasado. Aun así, es posible disfrutarla a fondo hoy en día, porque tiene un guión buenísimo, porque no todos los efectos especiales están obsoletos, porque tiene un ritmo brutal y qué coño, que los efectos tradicionales tenían un encanto especial que ningún ordenador podrá lograr jamás. Por supuesto, hay que verla con la perspectiva de los años 50, pero es que todas las películas hay que entenderlas en el contexto en que están hechas. Obviamente, cosas como un micrófono de comunicaciones del siglo XXII que todavía funciona con cable no ayuda a crear una atmósfera futurista en una sociedad en la que lo analógico ha dejado paso a lo digital y los cables parecen perder la batalla con lo inalámbrico, pero eso a quién le importa.

Planeta prohibido cuenta la incursión de un grupo de rescate en el planeta Altair-4, donde un grupo de científicos desapareció hace 20 años. Mientras se aproximan a la superficie consiguen establecer contacto con el jefe de la expedición científica que les advierte de que no aterricen pero, pese a las advertencias, deciden hacer tierra en una zona desértica del planeta, de aspecto inhóspito, rodeado de montañas y con un bonito cielo verde. Pronto descubrirán los secretos que oculta el planeta de la mano de Morbius (Walter Pidgeon), el único superviviente de la expedición inicial que vive con su hija Altaire y un robot llamado Robby. Morbius les introducirá en una ciencia y una tecnología superiores dejada por una antigua civilización mucho más avanzada que la nuestra: los Krell, una raza de seres que alcanzó la cima del desarrollo científico y moral hace 2.000 siglos y que incluso llegaron a crear una máquina que materializaba el pensamiento. Lo que acabó con esta raza es el secreto mejor guardado del Planeta prohibido.

Robby, el robot hizo que la película se volviera objeto de culto y no es para menos porque es quizás el robot más elaborado de la historia del cine. Sus 211cm llenos de mecanismos, luces de colores y aparatos electrónicos llevó más de dos meses de construcción y costó 150.000$. Robby se hizo tremendamente popular y participó en la película The invisible boy (Idem, Hermann Hoffman, 1.957), en un episodio de la serie Dimensión desconocida (The twilight zone) y sirvió de inspiración para crear el robot de Perdidos en el espacio (Lost in space).

Los guionistas de la película tuvieron la inteligencia de hacer que Robby cumpliera con las tres leyes de la robótica postuladas por Asimov tan sólo 6 años antes en su obra Yo, robot (I, robot), a saber:

-Un robot no puede dañar a un ser humano.
-Un robot debe obedecer las órdenes de los humanos.
-Un robot debe proteger su propia existencia.

Estas leyes y cierta máquina creada por los Krell, serán fundamentales para entender el giro final de la película que, por supuesto, no voy a desvelar, no sea que alguien aún no haya visto esta obra maestra.

El gran esfuerzo que se hizo por darle al film un aspecto futurista se agradece aunque los diálogos supuestamente científicos, hoy en día resultan más graciosos que otra cosa: «Necesitaremos una fuerza motriz capaz de cortocircuitar la continua a 5 ó 6 pársecs», o la no menos graciosa «Desintegrar un ser invisible es una imposibilidad científica». Y a pesar de todo me encanta: grandes escenarios, puertas irrompibles de Adamantium, pistolas de rayos láser, máquinas que incrementan la inteligencia, un monstruo invisible,… Qué más se puede pedir.

En cuanto a los actores, tiene miga la cosa. En el papel de héroe y capitán de la nave, Leslie Nilsen, —sí el de Aterriza como puedas (Airplane!, J. Abrahams, D. Zucker y J. Zucker, 1980)— que tomándose las cosas en serio demuestra que es mejor actor de lo que el resto de su carrera cómica nos pueda hacer pensar. Acompañando a Nielsen está el siempre correcto Walter Pidgeon en el papel del científico Morbius y en el papel de su hija, la guapa y muy sensual Anne Francis.

Cada vez que veo las escenas del ataque del monstruo invisible y del molde de yeso que obtienen de sus huellas me quedo fascinado, y es que, Planeta prohibido es una película inteligentísima, que no se queda sólo en los tópicos de la ciencia ficción sino que explora los más oscuros instintos que oculta la mente y que hace que sea, al menos para mí, la mejor película de ciencia ficción de los años 50.

2 comentarios:

  1. Muy buenos recuerdos guardo de ese robot tan majo (para los 50) y de toda la peli en general. Muy buena reseña Einer. Los efectos estaban muy bien y yo tambien prefiero los tradicionales.

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  2. Es que era un robot muy simpático y la peli es estupenda. Y los efectos tradicionales tienen tienen un encanto especial.
    Un saludo, Marcos.

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